Conferencia Magistral John Joseph Wallis

Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo

La Fundación Rafael del Pino organizó, el 16 de mayo de 2017, la Conferencia Magistral “Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo ” que impartirá John Joseph Wallis.

John Joseph Wallis es discípulo de Douglass North, el profesor Wallis ha analizado profundamente fenómenos como la corrupción y su carácter sistemático o la violencia y el orden social. Historiador económico, sus trabajos abarcan desde las instituciones, la economía política o la economía del desarrollo hasta la ciencia política o el estudio de la historia. Su atención principal está centrada en la determinación de los patrones evolutivos de las instituciones económicas y su interacción con las instituciones políticas.

John Joseph Wallis es Research Associate del NBER y Catedrático de Economía de la Universidad de Maryland. Se doctoró en economía por la Universidad de Washington y desarrollo estudios posdoctorales en la Universidad de Chicago, antes de incorporarse al Departamento de economía de la Universidad de Maryland.

Entre las publicaciones del profesor Wallis destacan: “Constitutions, corporations, and corruption” (Journal of Economic History); “The concept of systematic corruption in American History”, capítulo publicado en el libro coordinado por los profesores Glaeser y Goldin; “Corruption and reform: lessons from America”s Economic History” (University of Chicago Press); y “Violence and social orders: a conceptual framework for interpreting recorded human History”, escrito junto a Douglass North y Barry Weingast (Cambridge University Press).

RESUMEN
El 16 de mayo de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de John Wallis sobre “Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo”.

Wallis, catedrático de Economía de la Universidad de Maryland, explicó que lo que produce el crecimiento económico a largo plazo es, sobre todo, la reducción de la frecuencia y la intensidad de las recesiones. Esto se debe a los cambios institucionales que tienen lugar a lo largo del tiempo.

Según los análisis históricos llevados a cabo al respecto, las tasas de crecimiento a corto plazo y la frecuencia y la intensidad de las recesiones han sido elevadas durante la mayor parte de la historia. En los países en desarrollo siguen siendo altas y muy variables. Entonces, ¿por qué se producen las mejoras en el crecimiento a largo plazo? Pues porque la frecuencia y la intensidad de las recesiones han disminuido. De hecho, la tasa de crecimiento a corto plazo ha tendido a reducirse a lo largo del tiempo, más que a aumentar, cuando ha mejorado el crecimiento a largo plazo.

En consecuencia, la forma en la que los países se enriquecen es con crecimientos bajos pero sostenidos. Esto explica porque los países ricos son cada vez más ricos, ya que en los países pobres las crisis se producen con mayor frecuencia y son más intensas.

Adam Smith nos enseñó que el crecimiento económico a largo plazo depende de la amplitud de los mercados, de la especialización productiva y de la división del trabajo, como explicó con su conocido ejemplo de la fábrica de alfileres. En este mundo, también pueden contribuir al crecimiento económico el desarrollo tecnológico, la transición demográfica, los cambios estructurales en las economías y las guerras. Aun así, ello no basta por sí mismo para superar la trampa maltusiana sin que se produzca una intervención que lo haga posible.

Esto se debe a que la sociedad smithsoniana es una sociedad que se basa en las relaciones interpersonales, en el conocimiento del otro y, por tanto, en la confianza. En esta sociedad, las élites disfrutan de privilegios y detentan un poder que usan, por lo general, para defender dichos privilegios. En este sentido, las élites se encuentran menos dispuestas a respetar los contratos porque solo pueden obligarlas a hacerlo efectivamente capas superiores a ellas en la sociedad. Son relaciones de arriba hacia abajo en las que cuanto más alto se encuentra uno, más difícil es que tenga a alguien por encima que le obligue a satisfacer la palabra dada.

Este tipo de sociedades son más propensas a que se produzcan crisis más amplias y más frecuentes, ya que el incumplimiento de los contratos puede desencadenar situaciones de ruptura dentro de las élites mismas que impidan las relaciones comerciales entre los miembros de la élite. Con los estratos inferiores de la sociedad esas relaciones no existirán puesto que carecen de capacidad de imponer la satisfacción de los contratos y, por tanto, se abstendrán de relacionarse económicamente con niveles sociales más elevados a los suyos.

Las sociedades modernas, en cambio, se adaptan mejor a las situaciones de crisis porque las relaciones son impersonales y, por ello, tienen lugar entre todos los niveles de la sociedad, Con ello, se elimina la posibilidad de una ruptura de las élites que lleve a una crisis a todos como consecuencia de los cambios y las incertidumbres que afectan a esas élites. Aquí las élites ya no pueden usar las leyes en su favor, con lo que se ven obligadas a satisfacer los contratos suscritos. Las rupturas no se producen y, de esta forma, disminuyen la cuantía y la intensidad de las crisis.

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