Conferencia Magistral Joseph E. Stiglitz

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El Euro. Cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa

La Fundación Rafael del Pino organizó, el 5 de octubre, la Conferencia Magistral de Joseph E. Stiglitz “El Euro. Cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa” con motivo de la presentación de su último libro de igual título.

Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001.

El profesor Stiglitz es actualmente catedrático de economía en la Universidad de Columbia tras una intensa y prolífica carrera académica desarrollada en prestigiosas universidades como Yale, Oxford y Stanford. Ha recibido la Medalla John Bates Clark (1979) y el Premio Nobel de Economía (2001). Además, ha sido asesor económico del gobierno de Bill Clinton y economista jefe y vicepresidente senior del Banco Mundial. Es autor de obras de gran impacto mediático, como el bestseller internacional “El malestar en la globalización” o “Cómo hacer que funcione la globalización”, obra que presentó en la Fundación el 7 de noviembre del año 2006.

Nos visita de nuevo el profesor Stiglitz para darnos su visión sobre el Euro. En 1992 la Unión Europea se propuso el proyecto de implantar una moneda única que diez años después era ya una realidad y es hoy compartida por los 19 estados que constituyen la Eurozona. En su último libro, titulado “El euro: cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa” (Taurus), Joseph Stiglitz defiende que “mientras que los beneficios de continuar con el euro son limitados, los costes, incluidos el continuo estancamiento económico y la depresión, son inmensos”.

Hemos invitado al ex vicepresidente y comisario de competencia de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, a dialogar con el profesor Stiglitz, un diálogo que será moderado por Jose Ignacio Torreblanca, Jefe de Opinión del diario El País.

RESUMEN
El pasado 5 de octubre tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino el debate entre Joseph Stiglitz, catedrático de Economía en la Universidad de Columbia y Premio Nobel de Economía, y Joaquín Almunia, ex comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, en torno al euro y el futuro de Europa.

Stiglitz explicó que los economistas estadounidenses contemplan a la unión monetaria europea como un experimento y se preguntan cómo los europeos han podido hacer algo así, algo que no tiene sentido. El escepticismo estadounidense tiene dos perspectivas. Los economistas de derechas consideran que los mercados necesitan flexibilidad y que el euro es, en este sentido, un retroceso a los años 70, cuando los mercados eran más rígidos. Los economistas de izquierdas, en cambio, se fijan en las consecuencias de su puesta en marcha en forma de desempleo, etc.

Almunia defendió que el euro no fue una idea improvisada, sino que viene de bastantes años atrás, porque para avanzar en la integración europea había que hacerlo en la integración monetaria. Además, explicó que el euro no es un experimento, sino un hecho político de primera magnitud derivado de la caída del muro de Berlín y la posterior reunificación alemana.

Stiglitz defendió su posición alegando de que es poco común que las economías estén estancadas durante ocho años, como sucede en la zona euro, debido a la rigidez de las políticas y de los mecanismos de ajuste y a las debilidades del diseño institucional del euro, lo que calificó como un fallo sistémico. También criticó que el Banco Central Europeo tenga como único objetivo la estabilidad de precios, en contraste con la Reserva Federal estadounidense que también debe prestar atención al crecimiento económico y al empleo. Por ello criticó la política monetaria del BCE durante la crisis.

Por su parte, Almunia criticó nuevamente esta posición alegando que problemas como los desequilibrios de Estados Unidos o China o los problemas derivados de la desregulación financiera en Estados Unidos y el Reino Unido, que están en el origen de la crisis, no son imputables a la zona euro. Y recordó que los tratados europeos indican que, conseguida la estabilidad de precios, el BCE debe atender a los restantes objetivos de la política monetaria, como muestra el hecho de que esté aplicando las medidas de ‘quantitative easing’ que tomaron también la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra.

El superávit de balanza de pagos fue otro de los argumentos contra el euro esgrimidos por Stiglitz porque, según explicó, ese superávit se produce a costa de déficits en otros países. Este es otro elemento que explica los problemas del euro, que debería corregirse incrementado los salarios y los precios en Alemania porque ese desequilibrio causa mucho dolor en otros países miembros del euro. Almunia le dio la razón e indicó que la reducción del superávit alemán no va a deteriorar su competitividad exportadora.

Stiglitz insistió en las debilidades institucionales de la arquitectura del euro, que, en su opinión agravaron la crisis. Almunia reconoció que se había olvidado en todo esto el papel del sistema financiero y que cuando se habló antes de la crisis de cuestiones como la supervisión única, los ministros decían siempre que eso era cosa de los países, no de la Unión Europea.

Por último, Stiglitz vinculó al euro con el auge del populismo en la Unión Europea, derivado de la dureza de la crisis provocada por la propia unión monetaria. Almunia contestó que el euro no explica el auge del populismo en el Reino Unido, que no pertenece a la moneda única, o en Estados Unidos, que las razones son otras.

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