Benjamin Friedman

Consecuencias Socio políticas de una economia estancada. Benjamin Friedman

Consecuencias socio-políticas de una economía estancada. El dilema del crecimiento económico

La Fundación Rafael del Pino acogió, el día 20 de febrero de 2012, la Conferencia Magistral titulada “Consecuencias socio-políticas de una economía estancada. El dilema del crecimiento económico”, que pronunció Benjamin Friedman, Catedrático William Joseph Maier de Economía Política de la Universidad de Harvard.

Benjamin Friedman sostuvo que: “La situación económica actual de varios países, incluyendo a los Estados Unidos, supone un serio peligro para la salud de la Democracia. La experiencia que han vivido muchos países en todo el mundo demuestra que una de las condiciones esenciales que subraya la salud de las libertades democráticas es que una parte mayoritaria de la población tenga la sensación de avanzar en cuanto a calidad de vida. Creo que la Historia de los últimos 150 años deja claro que, cuando esa circunstancia no se produce, cuando la gente pierde el optimismo respecto a su futuro, o pierde la confianza de que sus hijos vayan a experimentar una mejora en su calidad de vida, se produce un aumento de la rigidez social y se ponen en riesgo los valores democráticos […]. De momento, lo que hemos visto es una mayor radicalización de la oposición política; en EEUU ha aparecido el Tea Party y, en Francia, esto explicaría la aparente fortaleza del Frente Nacional como ejemplo de organizaciones políticas cuyo programa no va más allá de la oposición a lo que diga el gobierno y el aumento de la rigidez social”, pero alerta: “la Historia también nos enseña que no se puede descartar un estallido social”.

Benjamin Friedman consideró que el peso del sector público en la economía no es la raíz de la crisis económica: “El problema real está en los desequilibrios de la financiación, tanto del sector público –el ejemplo europeo de países que han gastado por encima de sus ingresos- como del sector privado –donde, en Estados Unidos, tanto las familias como las entidades de intermediación financiera se apalancaron en exceso-. La cuestión no es el tamaño del sector público de una economía en relación al tamaño del sector privado. El principal problema es que la financiación iguale a los gastos de manera sostenida y continuada en el tiempo. Entonces, los habitantes de un país podrán decidir qué prefieren: si un sector privado relativamente pequeño, como en Norteamérica, o uno con mayor peso específico, como en Europa. Ambas posiciones son igualmente lícitas. Lo repito una vez más: el problema no es la proporción en la que ambos sectores integran una economía, sino el mantener el equilibrio entre la financiación y el gasto en cada uno de ellos”.