El liberalismo no es pecado

El liberalismo no es pecado

Carlos Rodríguez Braun, Catedrático de Historia del Pensamiento Económico de la Universidad Complutense de Madrid, y Juan Ramón Rallo, Socio Fundador del Instituto Juan de Mariana y Director de su Observatorio de Coyuntura Económica (13/12/2011)

La Fundación Rafael del Pino albergó, el 13 de diciembre de 2011, la presentación del libro “El liberalismo no es pecado”, publicado por Ediciones Deusto. En el acto intervinieron los autores de la obra: Carlos Rodríguez Braun -Catedrático de Historia del Pensamiento Económico de la Universidad Complutense de Madrid- y Juan Ramón Rallo -Socio Fundador del Instituto Juan de Mariana y Director de su Observatorio de Coyuntura Económica-.

Carlos Rodríguez Braun afirmó que el liberalismo no es el culpable de la crisis económica: “El liberalismo no se ha aplicado a la economía: por tanto, no es culpable de la crisis. Más bien, puede ser la solución a la misma. Aplicar el liberalismo a la situación económica plantea dos campos de acción. Uno sería la propia hacienda pública; el otro, los mercados y los contratos. En el primer caso, el liberalismo recomienda menos impuestos, menos gasto público y menos deuda pública. Recomienda, también, que el aparato coactivo del estado se reduzca y se contenga. En el segundo caso, los mercados y los contratos, lo que recomienda el liberalismo es más libertad: dejar que mujeres y hombres hagan sus contratos siempre que sean voluntarios, en paz y libertad”.

El profesor Rodríguez Braun opinó que el liberalismo necesita defensa: “Necesita libros como éste. El liberalismo no es intuitivo, al contrario que el socialismo. Lo que se entiende muy fácilmente es que a la sociedad hay que organizarla y que las mujeres y hombres no podemos ser libres; nos tienen que mandar, controlar, vigilar, prohibir, multar, recaudar… Eso es lo intuitivo. El liberalismo, que postula que todo lo anterior no es bueno, requiere argumentación y razonamiento. La sociedad es un fenómeno complicado. Los seres humanos hemos vivido la mayor parte de nuestra historia en órdenes muy pequeños, como las tribus o las hordas primitivas. La sociedad moderna es un orden relativamente reciente, ante el cual tenemos alguna dificultad de comprensión. Por eso solemos aplicar a la sociedad moderna categorías válidas para aquellas tribus primitivas. Entender la complejidad de la sociedad moderna requiere un poco de modestia. Y el liberalismo es, sobre todo, modesto. No sabemos muy bien cómo es esto de la sociedad o cómo son las personas. Por eso, los liberales pensamos que es mejor dejarles en paz antes que quitarles su libertad y sus bienes”.