El arte de los negocios en un mundo 2.0

Guy Kawasaki

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Resumen

El éxito puede ser cosa de suerte, pero a la suerte hay que ayudarla, sobre todo si se pretende crear una ‘start up’ de éxito. Según explico Guy Kawasaki, Haas Executive Fellow de la Haas School of Business de la Universidad de California- Berkeley y uno de los grandes referentes mundiales en el campo del marketing y las nuevas tecnologías, el éxito es el resultado de un proceso de diez pasos, que explicó el pasado 1 de febrero en una conferencia organizada por la Fundación Rafael del Pino.

Todo empieza con hacerse tres preguntas básicas: qué necesita la gente, si la forma de satisfacer esa necesidad es interesante para las personas y si no hay una forma mejor de hacerlo. El proyecto empresarial, por tanto, no comienza con un gran plan, sino con estas tres simples cuestiones. Conseguidas las respuestas, lo que viene a continuación es la creación del producto, que debe ser viable y tener valor para alguien. En este punto hay que comprobar la validez de la idea.

Entonces llega el momento de dar el tercer paso, que consiste en construir un prototipo. En este momento hay que empezar a buscar almas gemelas que complementen al emprendedor, así como crear un mantra que, en dos o tres palabras nada más, explique por qué la empresa debe existir. Una vez hecho esto es la hora de definir el modelo de negocio, especificando los mercados en los que se quiere entrar. El modelo debe ser simple y para testarlo hay que preguntar a las mujeres, que tienden a enfocar las cosas en el sentido de como poder ser más creativas, más productivas, etc., frente a la visión masculina, más proclive a pensar en términos de destruir al competidor.

Así se llega hasta un punto en el que surgen muchas cosas que hacer, como poner nombre al producto, diseñar el logo, etc. Todo ello puede distraer la atención de lo que debería ser el objetivo principal en este momento, que no es otro que concluir el diseño del producto. En esta fase hay que fijar el número de llamadas a realizar por día, testar el funcionamiento de la página de internet y contratar a un ingeniero para acabar el prototipo.

Una vez hecho esto hay que empezar a salir al exterior y contar la historia de la empresa, haciéndola personal y aplicando la regla del 10-20-30: diez diapositivas por presentación, 20 minutos de duración de la misma y 30 puntos en el conjunto de la presentación.

Ahora toca ampliar la plantilla, pero con gente que ame lo que hace el emprendedor, para lo cual hay que ignorar a quien no sienta de esta forma, por muy buenas credenciales académicas y profesionales que presente. Hay que contratar a gente que sea mejor que uno mismo. Y también es el momento de socializar, esto es, de utilizar las redes sociales como plataforma de marketing.

El siguiente paso es empezar a sembrar para conseguir una buena cosecha en forma de ventas, porque un buen nivel de facturación eleva la moral del equipo en general y del emprendedor en particular. En este punto es importante localizar a los ‘influencers’, es decir, a las personas que influyen a través de las redes sociales. Y, por último, no hay que dejar que nadie le diga que esto o lo otro no se puede hacer. No hay que escuchar a los derrotistas porque, entonces, la idea empresarial nunca saldrá adelante.

“La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el presente resumen, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.”