En busca de la prosperidad: Los retos de la sociedad española en la economía global del S.XXI

César Molinas, José Manuel González-Páramo, Rafael Doménech y Javier Andrés

 

Resumen

La economía española tiene dos grandes retos ante sí: la disminución del ritmo de crecimiento económico en los próximos años, debido a una demografía adversa, y el impacto de la disrupción digital, en especial sobre el empleo. La educación constituye una pieza fundamental de cualquier estrategia para afrontar estos dos desafíos.

Con motivo de la presentación del libro En busca de la prosperidad: Los retos de la sociedad española en la economía del S. XXI, escrito por Rafael Domenech y Javier Andrés, se ha celebrado en la Fundación Rafael del Pino un debate sobre los importantes desafíos económicos que debe afrontar la sociedad española.

Para José Manuel González-Páramo, catedrático de Economía y ex miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, la economía española tiene ante sí dos grandes retos. En primer lugar, el crecimiento económico en los próximos años será más bajo que en el pasado. La razón fundamental es una demografía adversa, con una población que envejece y que irá perdiendo efectivos.
En segundo término, la economía española tiene que afrontar el reto de la disrupción digital que está teniendo lugar. Un desafío de importantes consecuencias socioeconómicas porque la nueva economía digital afecta a la creación de empleo estable porque provoca que el capital y el trabajo sean inmensamente móviles.

González-Paramo considera fundamental para afrontar este desafío actuar desde el ámbito de la educación, con el fin de preparar a la gente para este nuevo mundo digital. Además, debe potenciarse la integración del sector público y el privado en todo lo que tiene que ver con la tecnología. En su opinión, sabemos lo que tenemos que hacer, pero se preguntó por qué no lo podemos hacer.
Por su parte, el economista y consultor César Molinas, lamentó que, en vísperas de las elecciones generales, no se hable del paro, sino tan solo de la precariedad laboral, ni de las pensiones, cuando el pleno empleo y la protección social constituyen las bases del pacto social del siglo XX.

Molinas advirtió de que la tecnología disruptiva va provocar que el empleo estable pierda protagonismo como forma de trabajo, porque las máquinas harán todo lo que puedan hacer las máquinas. Todo el trabajo que no tenga un componente de creatividad desaparecerá, estimó.

La forma de afrontar esta situación, a su juicio, reside en actuar desde el sistema educativo y en empezar a hacerlo cuanto antes porque el plazo mínimo para el cambio es de una generación. Esta nueva tecnología, dijo, se introduce tan deprisa que hace muy difícil ajustarse a una velocidad semejante. Lo cual es un problema porque, según indicó, en España hay cuatro millones de parados de los cuales muchos no son empleables por carecer de la formación adecuada.

A su vez, Rafael Domenech, economista jefe de Economías Desarrolladas de BBVA Research, indicó que el problema del empleo no se puede abordar sin hablar de otras áreas, como el crecimiento de la empresa, su internacionalización o el papel del sector público.
Domenech estimó que el mayor factor de desigualdad en España es el desempleo, que explica el 80% del problema en nuestro país, y recomendó aprender de fuera, de la experiencia de otras economías, y trasladar aquí aquellas iniciativas que han funcionado en otros lugares.

Por último, Javier Andrés, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Valencia, denunció que el problema empezó con nosotros mismos, los españoles, cuando nos dimos por satisfechos con haber alcanzado la convergencia en términos de renta per cápita con la media de la Unión Europea, cuando llevamos 30 años sin acercarnos en este sentido a países como Holanda, Alemania o Estados Unidos.

Según explicó, la economía española creció cuando el problema era cómo atraer capital físico, pero después no supo dar el salto a la fase siguiente, la del desarrollo del capital tecnológico y humano debido a la existencia de unos incentivos equivocados. A causa de ello, la economía española se desenganchó del proceso de globalización.

“La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el presente resumen, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.”

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