¿Qué ha pasado con el lenguaje de la política?

Mark Thompson y Pedro García Cuartango

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Resumen

El 13 de marzo de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino el diálogo sobre “¿Qué ha pasado con el lenguaje de la política?”, con motivo de la presentación del libro Sin palabras: ¿qué ha pasado con el lenguaje de la política?, de Mark Thompson, quien ocupa las mal altas responsabilidades ejecutivas en The New York Times Company desde el año 2012, en el que también participó Pedro G. Cuartango, director de El Mundo.

Para Thompson, las causas del deterioro del lenguaje político ya se detectan en la antigüedad clásica. En concreto, en los Diálogos, de Platón, en uno de los cuales el filósofo griego narra una conversación entre Sócrates y Gorgias en el que éste último se refiere a cómo manipular a la gente mediante la utilización de la palabra. Platón, indica Thompson, está imaginando en este texto un futuro en el que los dirigentes calculan cómo manipular a la gente. Ahora hacemos lo mismo, con herramientas más avanzadas y sofisticadas como la economía del comportamiento. Y el lenguaje pasa de ser racional a instrumental y se vuelve cínico.

En relación con el populismo y su política de decir lo que la gente quiere escuchar, Thompson recordó cómo los nazis llegaron al poder utilizando un lenguaje muy cínico en relación con la política, y cómo hicieron uso de la propaganda de masas, descubriendo que la gente se cree las palabras sin cuestionar las cosas. Eso le recordaba a Donald Trump.

En este sentido, Thompson indicó que los estadounidenses disfrutan de una vida muy próspera, a diferencia de la Alemania que vivió el triunfo de los nazis. Sin embargo, Trump manipuló los hechos y apeló a los temores de los norteamericanos frente a la economía, la globalización, las minorías, etc. Y esos temores justificarían acciones más extremas del gobierno.

A Trump le votó la mayoría de los blancos, incluida la mayoría de las mujeres blancas, debido al sentimiento de alienación que experimentan muchos de ellos, sean trabajadores de cuello azul o de cuello blanco. Y Trump uso de una forma muy particular la estrategia de decir “Yo soy tu voz” frente a los temores que suscitan la globalización o las minorías raciales. Además, mucha gente siente que ha perdido su voz frente al stablishment, siente que no se le escucha, que la élite le presta oídos sordos, creándose de esta forma el caldo de cultivo para la victoria de Trump, o para el triunfo del Brexit en el Reino Unido. Trump, como empresario, creó la sensación entre sus votantes de que no es un político y la gente se identificó con él a pesar de sus palabras vacías.

El problema en Occidente es que los políticos han hecho promesas que no pueden cumplir, demostrando su falta de respeto por el público. Por ejemplo, en el debate sobre el Brexit, nadie habló de los aspectos positivos de la UE, de la misma forma que los políticos de hoy no explican por qué es bueno el comercio internacional. Lo que tienen que hacer es explicar estas cosas.

También es importante la educación, enseñar lenguaje, literatura, retórica, porque cuando alguien se enfrenta a cómo entender el mundo y a cómo explicárselo a otra persona se ve obligado a abrirse a otras perspectivas. En América ahora reina la preocupación sobre las noticias falsas, pero la solución a ello empieza por una educación que desarrolle el espíritu crítico y que enseñe a debatir con razones y argumentos.

“La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el presente resumen, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.”