I Congreso de inteligencia colaborativa

Resumen

La inteligencia colaborativa es una forma de inteligencia emergente de la acción de muchos individuos que interactúan entre sí en el contexto de la cultura digital. Este tema es especialmente relevante porque el mundo está en un momento de cambio radical, donde aparecen oportunidades extraordinarias, pero también enormes amenazas. La mejor forma de que las organizaciones afronten este escenario es acudiendo a la inteligencia colectiva.

La inteligencia colaborativa es una forma de inteligencia emergente de la acción de muchos individuos que interactúan entre sí en el contexto de la cultura digital, según Wikipedia. Este tema es especialmente relevante, según Rafael Mira, promotor del Innovation Center for Collaborative Intelligence (ICXCI), porque el mundo está en un momento de cambio radical, donde aparecen oportunidades extraordinarias, pero también enormes amenazas.

Para tratar de comprender mejor este fenómeno, la Fundación Rafael del Pino, Innovation Center for Collaborative Intelligence (ICXCI) y Dontknow organizaron el pasado jueves 1 de octubre de 2015 la jornada “La inteligencia colaborativa: una necesidad para nuestras organizaciones”.

La primera intervención corrió a cargo de Beatriz Lara, física y experta en innovación y transformación digital/corporativa, que habló de las diez tendencias de dimensión planetaria que caracterizarán el periodo 2020-2030. Esta década vendrá definida por uno de los siguientes tres escenarios posibles, dependiendo de la respuesta a dichas tendencias: el de un mundo en fluctuación, que es el más probable hoy por hoy; el de una crisis muy grande, al que se puede llegar muy fácilmente, y el de un crecimiento sostenible, el mejor de todos ellos, por el que tenemos que empezar a trabajar ya, a juicio de Lara.

Esas tendencias planetarias que pueden determinar nuestro futuro son los movimientos migratorios globales desde los países pobres hacia los ricos, el cambio climático, la expoliación del planeta y sus recursos naturales, el problema energético, el crecimiento de las ciudades, la acumulación de basura, el deterioro del campo con la consiguiente desaparición de las abejas (estos insectos son los responsables de la polinización de gran parte de las verduras y hortalizas que consume el ser humano), la represión de la mitad de los habitantes del planeta y, en particular, de la mujer; la falta de profesionales cualificados para atender las necesidades básicas de la población, como la sanidad, y la seguridad digital. La resolución de estos problemas y, por tanto, el tener un escenario de crecimiento sostenible pasa, en opinión de Lara, porque todos, gobiernos, empresas, ciudadanos, organizaciones, colaboren en su solución, es decir, por la inteligencia colaborativa o colaboración inteligente.

El siguiente en intervenir fue Derrick de Kerckhove, discípulo y continuador de Marshall McLuhan y creador de talleres de colaboración inteligente, que se centró en el papel de los grandes datos (big data) y la tecnología digital como instrumentos de la colaboración inteligente. Kerckhove indicó que el ‘big data’ es un volumen masivo de datos, estructurados y no estructurados, tan enorme que es difícil de tratar por medios tradicionales. Y aclaró que lo que es, en realidad, es un enorme sistema inteligente, conectivo, colectivo e ilimitado, que carece de contenido hasta que se le hace una pregunta. Por eso, el verdadero trabajo no es la recopilación y procesamiento de esos datos, sino hacer la pregunta a la que tienen que dar respuesta. Es la primera vez en la historia que el énfasis se pone, precisamente, en la pregunta.

Según señaló, los datos de las redes sociales son fuentes instantáneas, en tiempo real y específicas para el análisis de grandes datos. El ‘big data’, además, permite la colaboración interna o externa y puede ayudar a las organizaciones porque permite ensamblar datos de forma coherente y pertinente, identificar bases de datos comunes, aprender a gestionar Hadoop (software abierto para el análisis de grandes datos), seleccionar la plataforma más adecuada de entre las existentes y encontrar la respuesta adecuada a las preguntas.

Rafael Mira, experto en corporaciones multinacionales e inteligencia colaborativa, centro su intervención en el liderazgo colaborativo y la transformación digital. Según indicó, la empresa del futuro o es colaborativa, o no será, porque estamos en un mundo de una complejidad y una incertidumbre crecientes en el que la transformación digital está acelerando el ritmo de cambio. Ese cambio afecta a todos los sectores y está modificando las reglas de juego. En una situación como esta es imposible que las empresas puedan identificar por sí solas el camino a seguir, por lo que resulta necesario apostar a la inteligencia colaborativa. El problema, a su juicio, es que no sabemos gestionar grupos.

Mira, por ello, entiende que el líder colaborativo debe reconocer la complejidad, no debe ser un líder de respuestas, sino de preguntas, y debe ser consciente de que su papel debe ser fijar las grandes cuestiones, abrirlas a más personas, fomentar la deliberación, recoger la información y, por último, decidir.

Amalio Rey, director de eMOTools, experto en inteligencia colectiva y marketing de la I+D+i, se refirió a los retos y oportunidades de la inteligencia colectiva para la innovación social. En su intervención definió la inteligencia colaborativa, o colectiva, como la capacidad de agregar colaborativamente las acciones y opiniones individuales un grupo en una decisión o comportamiento colectivo. Desde esta perspectiva, la cuestión clave para las organizaciones es cómo se diseñan las interconexiones para que las decisiones colectivas sean más inteligentes que las del individuo o las de un experto.

Para que funcione la inteligencia colaborativa, indicó Rey, es preciso facilitar la participación y reducir los costes de dicha participación para el individuo y para la empresa, evitar el ‘efecto rebaño’ (seguir al líder) porque éste conduce a la estupidez colectiva, elegir los mecanismos adecuados para convertir las preferencias individuales en inteligencia colectiva y tener en cuenta las ineficiencias, en especial el hecho de que cuanto más aumenta el tamaño de los grupos, más ineficiencias se generan.

Javier Nadal, presidente de la Asociación Española de Fundaciones, habló de la colaboración necesaria en el tercer sector, del cual dijo que es la respuesta de la sociedad ante los problemas que nos rodean. El tercer sector surge de la conjunción de dos impulsos: la solidaridad y la generosidad. Pero tiene límites porque muchas iniciativas son muy parecidas y tienen dificultades para encontrar mecanismos de colaboración y cooperación.

Enrique Baca, psiquiatra y presidente del comité ético científico de Dontknow Corporate School, disertó sobre la necesidad de entender mejor al ser humano si queremos que colabore. Según indicó, en todos los seres vivos hay tres cosas que se dan genéticamente: (1) la colaboración, que implica (2) organización y (3) comunicación. Lo que diferencia al ser humano de los demás seres vivos es que el hombre tiene conciencia de sí mismo y de su identidad, que el lenguaje humano como medio de comunicación puede ser equívoco y que en la persona emerge una dinámica de libertad en la conducta que le permite tomar decisiones sobre sí misma.

El hombre es el producto de una interacción muy sutil entre la genética y el ambiente en el que se ha desarrollado. La genética proporciona los límites al desarrollo y el ambiente lo facilita o lo dificulta. El resultado es la persona y la estructura que soporta es la personalidad, que es la que determina sus posibilidades de integración efectiva y eficiente en una organización. Teniendo en cuenta esto, para que funcione la inteligencia colectiva es necesario que las personas tengan inteligencia y madurez personal, motivación, sentimiento de pertenencia y lealtad.

Leticia Soberón, psicóloga, doctora en comunicación y cofundadora de Collaboratorium, trató de la forma de promover la deliberación en torno a retos y decisiones. Para ello, diferenció entre la conversación presencial –está anclada en el tiempo y en el espacio, es lineal y secuencial, está enriquecida por el lenguaje corporal, limita el número de personas y tiene sesgos personales- y la digital, que es deslocalizada y desligada del tiempo, hipertextual y descorporizada. En esta última, los interlocutores, los espacios y los temas de conversación se multiplican y las sesiones se amplían a voluntad. Y aunque los sesgos personales no desaparecen, pueden gestionarse y reducirse. En consecuencia, la conversación digital es más rica, pero más compleja.

La conversación digital es el punto de partida de la colaboración, pero no basta con ella. Depende de qué forma adopte. Ésta puede ser la disuasión, el debate o la deliberación. Las dos primeras implican imponerse personalmente a los demás. La tercera, en cambio, supone plantear un problema para encontrar entre todos una solución. Es la forma más eficiente. El problema es aprender a deliberar porque el ser humano es, por naturaleza, es tanto colaborador como competitivo.

Para ser efectiva, la deliberación tiene que superar dos tipos de obstáculos. En primer lugar están los personales: el temor de los líderes a perder poder, la improvisación y falta de entendimiento, la egolatría y la inseguridad, los prejuicios y las actitudes de menosprecio. Y después están los grupales: las limitaciones de las herramientas que se emplean en el mundo digital, los límites que conlleva el uso secuencial del tiempo o la complejidad de algunas herramientas.

Juan Mateo, experto en negociación y gestión del conflicto, se refirió a cómo inhibir la no colaboración. Explicó que estamos en un mundo competitivo, pero que tiene un problema: que la competitividad se basa en el esquema ‘tengo que vencer para ganar’. En el mundo empresarial eso significa un juego de suma cero. Además, la estructura piramidal de las organizaciones también estimula ese esquema de vencer para ganar.

Colaborar, en cambio, implica mucho más que tener un objetivo común. Implica también que hay que pagar un precio para obtener un beneficio y que hay que entender por qué van a colaborar los competidores potenciales.

Las herramientas para conseguir la colaboración consisten en inhibir la no colaboración, en saber gestionar el conflicto, lo que implica entender que lo que la gente tiene en su mente es lo individual frente a lo colectivo, y en negociar para establecer las condiciones de la colaboración.

Agustín Cuenca, experto en innovación estratégica y tecnología digital, habló de la redarquía, una nueva manera de entender las organizaciones, donde la contribución de las personas no está ligada al organigrama, sino al fomento de la participación, la cooperación y la colaboración, todo ello en contraposición a la jerarquía. En un mundo hiperconectado y de cambio acelerado, las organizaciones tienen que gestionarse por el contexto en el que se mueven, lo que implica una estructura que permita que el talento de todos pueda prosperar.

Por último, Javier Garilleti, director de la Fundación Ernst & Young y experto en posicionamiento estratégico y responsabilidad social corporativa, se refirió a la colaboración responsable para la sostenibilidad. Indicó que nos enfrentamos a tres grandes desafíos: el crecimiento de la población y su impacto sobre los recursos naturales, las desigualdades en el acceso a servicios esenciales y el cambio climático. Pero también señaló que tenemos los mayores recursos y las mayores capacidades para afrontar esos retos: vivimos en un mundo globalizado en el que la innovación es la norma, el mundo digital hace que la humanidad nunca haya estado tan próxima como ahora y en este escenario el elemento clave es el emprendedor.

Desde esta perspectiva, la sostenibilidad es una forma de entender la gestión de los sistemas globales que pretende reducir al mínimo los desequilibrios en los sistemas económico, social y medioambiental. A nivel de la empresa, que no puede ser un actor pasivo, implica una política colaborativa entendiendo el entorno, generando valor para todos.

“La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el presente resumen, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.”

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