El asesoramiento científico en el Reino Unido y España

La Fundación Rafael del Pino, la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología y la Embajada británica organizó el próximo 22 de junio de 2017, el acto “El asesoramiento científico en el Reino Unido y España”

El acto se desarrolló de acuerdo con el siguiente programa:

12:30. Bienvenida

12.40 El asesoramiento científico en el Reino Unido
Robin Grimes, asesor científico jefe de la Foreign Commonwealth Office

12:35. Coloquio: “El asesoramiento científico en España y Reino Unido”.
Carmen Vela, Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación y Robin Grimes, asesor científico jefe de la Foreign Commonwealth Office.

13:05. Mesa redonda: “El futuro del asesoramiento científico”
Emilio Lora Tamayo, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Antoni Esteve Cruella, presidente de la Fundació Catalana per a la Recerca i la Innovació
Chris Tyler, director del Parliamentary Office for Science and Technology (POST)
Julie Maxton, directora ejecutiva de la Royal Society
Cristina Gallardo, redactora senior en “Research” (moderador)

Se entiende por asesoramiento científico al conjunto representado por el proceso, estructuras e instituciones por las cuales los gobiernos y políticos tienen en consideración el conocimiento científico, tecnológico y de innovación para la toma de decisiones políticas.

A grandes rasgos, los gobiernos suelen acudir a distintas estructuras o instituciones para recibir asesoramiento científico: los consejos o comités asesores, las academias nacionales y sociedades científicas, o las figuras de los asesores científicos jefes. En relación a estos últimos, el Reino Unido tiene un asesor científico jefe adscrito a la presidencia desde 1964 y desde 2002 se han ido nombrando asesores científicos adscritos a los diferentes ministerios.

El asesoramiento científico es hoy más necesario que nunca ante los desafíos globales a los que se enfrenta la humanidad, tales como el cambio climático, las grandes epidemias, la sostenibilidad energética, la ciberseguridad, la escasez de alimento y de recursos naturales.

Sin embargo, no existe un mecanismo de asesoramiento científico perfecto. A menudo los países combinan varias de las estructuras antes mencionadas para enriquecer el debate y ofrecer la mayor información posible para la toma de decisiones políticas basadas en la evidencia científica.

Por todo ello, se hace necesario compartir las buenas prácticas y soluciones adoptadas para afrontar los retos comunes del asesoramiento científico (estar a la altura de la vertiginosa velocidad de la actualidad política, intermediarios en el proceso, diferencias entre “ciencia para la política” y “política para la ciencia”, interdisciplinaridad, etc.).

¿Qué ganaría España con un modelo de asesoramiento científico más imbricado en las esferas ejecutivas y legislativas? ¿Cuáles son los objetivos y beneficios de una mayor cultura científica en la toma de decisiones políticas? Este debate presentará ejemplos de casos de asesoramiento científico y las estructuras existentes en España y el Reino Unido para buscar puntos en común y oportunidades para la mejora.

RESUMEN

El 22 de junio de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino el diálogo sobre “El asesoramiento científico en el Reino Unido y España.

Abrió el acto Robin Grimes, asesor científico jefe de la Foreign Commonwealth Office, quien se refirió a la importancia de crear una red de asesores científicos que puedan desarrollar una verdadera actividad diplomática. Se trata de asegurar que la política exterior esté informada por la mejor ciencia disponible y tener acceso a las redes científicas apropiadas.
Solo unos pocos países cuentan con asesores científicos en los ministerios de Asuntos Exteriores. Éstos son importantes porque crean las condiciones para el intercambio de conocimientos científicos. El Reino Unido tiene 90 personas de este tipo distribuidas en 31 países. También ha creado el London Diplomatic Science Club, con el fin de transmitir conocimiento científico a los diplomáticos.

La diplomacia científica persigue informar los objetivos políticos, proveer de evidencia científica y acceso a las redes científicas. En última instancia, busca mejorar los lazos políticos, sociales y económicos.

Gracias al asesoramiento científico se pueden reducir los riesgos asociados con situaciones de crisis o catástrofes, porque permite analizar, establecer causas, estimar el impacto y prever las consecuencias. El asesoramiento científico fue fundamental en casos como la gripe aviar, el ébola, las cenizas volcánicas, el accidente de Fukushima, las inundaciones en el norte de Inglaterra o el zika.

Nuestra capacidad de respuesta a situaciones de ese tipo descansa en las cadenas científicas de valor, que nos permiten analizar asuntos difíciles desde diferentes ópticas. Para que funcione, el asesoramiento científico debe basarse en tres reglas: asignar roles claros y responsabilidades, tener independencia y ser transparentes y abiertos.
Para organizar las redes de asesoramiento científico se necesita la colaboración del gobierno, comunicación y apoyo desde el Ministerios de Asuntos Exteriores, relaciones con la comunidad científica y tener acceso a equipos científicos y tecnológicos.

Carmen Vela, secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, señaló que el asesoramiento científico en España es un deseo porque creemos que es bueno para nuestro país. Y es que, aunque la ciencia española es una ciencia treintañera, estamos entre la décima y la undécima posición mundial en producción científica. Podemos decir que somos un sistema joven, pequeño y eficiente.

Nuestra experiencia en asesoramiento científico empezó en 2014. Lo necesitábamos para hacer frente al ébola. Debemos aprender a planificar este tipo de cosas.

Lo que necesitamos para ello es una comunidad científica implicada en incluir la ciencia en el debate político y público, canales de comunicación entre ambas partes, la disposición del ejecutivo y del legislativo y crear una cultura de asesoramiento científico para la toma de decisiones científicas.
Ya tenemos un Consejo Asesor de Ciencia, Tecnología e Innovación, un Comité Científico y Técnico de la Agencia Estatal de Investigación, cursos de formación para científicos y agentes de la administración y programas de intercambio entre políticos y científicos.

Por último, tuvo lugar una mesa redonda en la que participaron Emilio Lora Tamayo, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Antoni Esteve Cruella, director de Esteve y Presidente de la Fundació Catalana per a la Recerca i la Innovació; Chris Tyler, director de Políticas Públicas en University College of London, y Jo Dally, directora de Investigación del Science Policy Centre de la UK Royal Society.

Emilio Lora recalcó que necesitamos un sistema de asesoramiento científico. Estamos hablando del uso de las evidencias científicas para apoyar las políticas del gobierno. Al CSIC le corresponde la tarea de informar, asistir y asesorar. El Consejo aporta el 6% de la comunidad científica. Una comunidad que acude en cuanto se la llama e, incluso, antes de que se la llame. Por eso se necesitan estructuras y protocolos que organicen el asesoramiento científico. También hace falta contar con una especie de grupo de guardia permanente, para intervenir en situaciones de emergencia, y que pueda operar con criterios de excelencia.

Para Antoni Esteve es importante que los científicos tengan la capacidad de participar e influir en la política de investigación. El sector privado busca que la investigación sea productiva. Para ello se precisa un entorno estable que les permita invertir. Esa estabilidad es algo complejo y se puede alcanzar cuando los ciudadanos creen que la investigación será beneficiosa. Ese marco puede crearse si existe un compromiso de todos los partidos sobre los objetivos y sobre la necesidad de impulsar la investigación.

Chris Tyler habló de la oficina parlamentaria británica de ciencia y tecnología, que se creó hace treinta años debido al descontento imperante en relación con la ciencia. Lo que hace la oficina es asesorar a los parlamentarios en temas de ciencia, tecnología, salud, medio ambiente y ciencias sociales. Lo hace a través de informes escritos de no más de cuatro páginas que son revisados por veinte o treinta personas. Esos informes se complementan con el desarrollo de relaciones entre científicos y políticos. Con ello se pretende ayudar a los parlamentarios a ver a largo plazo, más allá de las próximas elecciones. También forman en ciencia a los parlamentarios.

Por último, Jo Dally se refirió al objetivo de buscar colaboración internacional en materia científica. Lo que hacen es pensar y después enviar las ideas al gobierno. Respecto a las relaciones entre académicos y políticos, lo que hace la Royal Society es promover la comunicación entre ambas partes y transmitir al gobierno lo que significa la ciencia.

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