La influencia en el pensamiento económico de la Escuela Española de Economía

Juan Velarde, Pedro Schwartz, Vitoriano Martín, León Gómez y Ángel Fernández

Resumen

Siempre se ha hablado de la Escuela de Salamanca como centro del renacimiento del pensamiento, durante el Siglo de Oro, que llevó a cabo un grupo de profesores españoles y portugueses, especialmente los teólogos, a raíz de la labor intelectual y pedagógica que llevó a cabo Francisco de Vitoria en la Universidad de Salamanca. Uno de los campos en que trabajaron estos pensadores fue la economía, con importantes aportaciones de personajes tan destacados como Francisco Suárez, Domingo de Soto o Juan de Mariana, entre otros. Pero, ¿hubo por la misma época otros pensadores que trataran de esos mismos temas en otros lugares de España? ¿Había algún denominador común en su pensamiento? ¿Podría hablarse con propiedad de una Escuela Española de Economía?

Para arrojar luz sobre esta cuestión, la Fundación Rafael del Pino reunió el 31 de enero de 2018, en su sede, a Pedro Schwartz Girón, catedrático Rafael del Pino en la Universidad Camilo José Cela y académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; Juan Velarde Fuertes, catedrático emérito y presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; Victoriano Martín Martín, catedrático emérito de Historia del Pensamiento Económico y miembro de la Real Academia de Doctores, y Ángel Fernández Álvarez, autor del libro “La Escuela Española de Economía”, en un diálogo sobre este tema.

Ángel Fernández defendió la razón de hablar de una Escuela Española de Economía, en tanto en cuanto, aunque su inicio tuvo lugar en el Convento de San Esteban de la Universidad de Salamanca por el padre dominico Francisco de Vitoria, también hubo pensadores que estudiaron y trabajaron en otras universidades españolas como Alcalá de Henares, Valencia, Palencia, Valladolid o Sevilla. Fernández reivindicó el uso de dicha denominación para abarcar al conjunto amplio de autores escolásticos que identificaron en sus obras los principios del crecimiento económico y las instituciones, inclusivas e integradoras, que caracterizan una sociedad civilizada al tratar las cuestiones y disputas morales como consecuencia del proceso de colonización y cristianización de América.

A raíz del descubrimiento de América, en 1492, España lideró lo que puede considerarse una primera globalización con grandes movimientos migratorios de la población europea hacia el Nuevo Mundo y con un gran aumento del transporte marítimo y del comercio en el océano Atlántico. Esto llevó a la necesidad de estudiar las disputas morales que se derivaban de la colonización y de las transacciones del mercado y, consecuentemente, propició la identificación correcta de la mayoría de los principios económicos que hoy damos por aceptados, pero que aparecen primero en las obras de los autores escolásticos españoles. Sus ideas se transmitieron por Europa y América, gracias al latín como idioma común del mundo académico de la época y también al uso de la imprenta, que permitía publicar y difundir gran cantidad de libros.

El imperio español tenía un tamaño monumental, como recordó Juan Velarde, y en su seno se desarrollaron ideas fundamentales para el desarrollo de la economía de mercado. Esas ideas, sin embargo, no terminaron de cuajar en España debido al nulo interés que manifestó la universidad española por una rama del saber tan fundamental para la economía como es las matemáticas. Los escolásticos establecieron las bases intelectuales del capitalismo, pero les faltó el aparato científico.
Los escolásticos fueron autores valientes, en especial Juan de Mariana, quien defendió ideas tan polémicas como el tiranicidio como respuesta de última instancia ante el totalitarismo, la importancia, o el derecho de rebelión cuando se traspasa el límite que supone la propiedad privada, si bien el duque de Lerma lo envió a prisión por su denuncia sobre la adulteración de la moneda que el valido del rey estaba llevando a cabo.

Francisco de Vitoria, rememoró Pedro Schwartz, reavivó la discusión económica y constitucional, siguiendo la tradición de Tomás de Aquino. La escolástica, considerada demasiado formal, había sido apartada durante décadas, pero las universidades europeas volvieron a tomar ese marco de estudio, apartándose del positivismo y recuperando la reflexión sobre asuntos naturales. Ese desarrollo fue especialmente profundo en España, en la Universidad de Salamanca y otros centros. Su legado dejó una herencia teológica importante.

No obstante, hay que tener cuidado a la hora de estudiar los estudios de los autores escolásticos, no podemos caer en el patriotismo científico, advirtió. Las aportaciones al pensamiento económico que hicieron todos estos pensadores fueron mucho menos profundas que sus reflexiones consagradas a otras cuestiones, como por ejemplo los límites constitucionales del poder. Otro motivo para la cautela es que, aunque todos ellos hablaron a favor del comercio, no enarbolaron una oposición firme ante el proteccionismo de la época.

La figura de Juan de Mariana tiene una enorme importancia por su capacidad para condensar ideas en volúmenes pequeños y por su valentía a la hora de defender distintas ideas, señaló Victoriano Martín, aunque advirtió de que, aunque las ideas de Mariana en materia de teoría monetaria son muy importantes, en última instancia proceden de los estudiosos de la Universidad de París y sus trabajos sobre la reacuñación de monedas.

“La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el presente resumen, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.”

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