La llamada de la tribu

Mario Vargas Llosa, Albert Rivera y Pepa Bueno

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Resumen

¿Qué sentido tiene el liberalismo en el siglo XXI? ¿Qué puede aportar? Para analizar estos temas, en la Fundación Rafael del Pino tuvo lugar, el 21 de marzo de 2018, el encuentro entre el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, con motivo de la presentación del libro del escritor peruano “La llamada de la tribu” en el que pasa revista al pensamiento liberal y sus aportaciones.

Albert Rivera empezó señalando que el liberalismo político español no ha tenido mucho éxito en las urnas hasta ahora, pero sí en nuestra historia. Sus ideas políticas pueden trasladarse a España y Europa. La primera característica del liberal es que no cree en los dogmas. El dogma es más cómodo, pero los liberales pactamos con los que piensan distinto, nos preguntamos si hace falta más o menos Estado, etc. Tampoco creemos que haya que tener miedo al cambio, que no haya que reformar nada. Lo que está pasando en otros países tiene que ver con eso. La pregunta es si las ideas de los pensadores liberales clásicos se pueden trasladar al siglo XXI. Esa es la batalla ideológica del siglo XXI, entre el liberalismo como forma de vida frente al nacionalismo y al populismo, y cómo la democracia se prepara para dar la batalla política, social e intelectual a esos movimientos. Con la victoria de Macron, el liberalismo está en el momento adecuado.

Mario Vargas Llosa afirmó que el liberalismo sí ha triunfado. La Europa de nuestros días es infinitamente más civilizada, próspera y justa que en el pasado, y eso se debe a la democracia y al liberalismo. El problema con el liberalismo es que ha sido la doctrina más caricaturizada, ridiculizada y atacada por sus enemigos, tanto de la derecha como de la izquierda, la gran enemiga del liberalismo, porque el liberalismo es el enemigo principal de todas las doctrinas totalitarias, ya que el valor supremo del liberal es la tolerancia. Esa actitud es la que provoca esa extrema hostilidad hacia el liberalismo. Muchas veces, el liberalismo ha sido desnaturalizado porque quienes utilizaban esa etiqueta para presentarse no eran liberales. El liberalismo es un abanico en el que existen muchas tendencias, posturas, ideas diferentes. Las ideas deben adaptarse a la realidad, no al contrario.

Aunque eso es cierto, la pregunta es si el liberalismo puede sobrevivir a la crisis financiera internacional de 2007 que, según sus críticos, fue causada, precisamente, por las políticas liberales. Rivera contestó al respecto que la crisis fue una crisis de un mal funcionamiento del mercado, que es lo contrario de lo que defendemos los liberales. Vender productos financieros sin dar información no es liberal. La lucha contra el monopolio lo es.

Vargas Llosa aprovechó esta ocasión para resaltar que la igualdad de oportunidades es absolutamente fundamental. Por eso no aceptamos que en el punto de partida algunos tengan unos privilegios tales que resulta imposible competir con ellos. El punto de partida más o menos igualitario puede crearse a través de la educación. Por eso, la educación es tan fundamental para ese principio de justicia y equidad. Rivera recordó que en la Constitución de Cádiz se establecía que tendría que haber una escuela pública en cada pueblo. Es importante porque la educación es lo que nos hace libres. Y Vargas Llosas concluyó advirtiendo que la igualdad no puede ser el punto de llegada, sino el de partida; luego hay que dejar que la vida establezca las diferencias.

¿Debe ser el Estado el que garantice esa igualdad inicial? ¿Cómo debería hacerlo? Para Rivera, hay que diferenciar entre políticas públicas y gasto del Estado. Se puede tener una política educativa pública y mantener los conciertos económicos con los centros educativos privados. La clave es que el Estado supervise, conozca los valores de la educación y tenga un programa educativo. El Estado no se puede olvidar de lo que pasa en la educación de su país, sean centros públicos o privados. Pero una cosa es un Estado fuerte y eficaz y otra es disparar el gasto público, porque el fuerte endeudamiento condiciona tus políticas.

A su vez, para Vargas Llosa resulta equivocado pensar que todas las funciones sociales debe asumirlas el Estado. En muchos casos, la sociedad civil puede asumir esas funciones y hacerlo de forma menos onerosa y más eficiente que el Estado. Estamos tan impregnados de la idea de que el Estado es el mejor servidor de la sociedad que nos olvidamos de que cumple esas funciones de una forma mucho menos eficaz y más costosa. Por ejemplo, no debería tener empresas. Las empresas son más eficientes donde el Estado no es empresario y se dedica hacer lo que debe como garantizar la igualdad ante la ley, la defensa y la seguridad pública, por ejemplo. Pero no debe intervenir en la economía salvo para garantizar la competencia. La idea del bono escolar es una idea liberal que fue muy discutida por la izquierda, pero se ha ido abriendo camino y está funcionando muy bien en Suecia, el paradigma del Estado del bienestar.

Hablando del Estado, ¿cómo debe ser la política fiscal? Según Rivera, el déficit no siempre tiene que ser cero, pero cuando tienes un Estado descentralizado, o pones un techo de gasto o es un cachondeo. ¿Qué ha pasado? Que Zapatero eliminó ese techo y, como consecuencia de ello, ahora tenemos autonomías que han tenido que ser rescatadas y ayuntamientos en quiebra. Hemos propuesto quitar el IRPF para rentas menores de 17.000 euros, que es mejor que dar subvenciones, lo que demuestra que se pueden hacer políticas económicas liberales. Muchas organizaciones sociales saben mucho más que el Estado y le cuesta menos al Estado trabajar con ellas para resolver los problemas porque son quienes mejor los por su proximidad a ellos.

La referencia a las autonomías le dio pie a Vargas Llosa para indicar que si hay una doctrina que está contra el nacionalismo sin complejos de inferioridad, esta es el liberalismo porque el amor a la libertad es la esencia misma de su pensamiento. El nacionalismo está enemistado con la libertad. Por eso, es muy importante para el liberalismo rechazar al nacionalismo, porque es un enemigo de la democracia y en su fondo hay racismo al convertir en un valor la pertenencia a una nación determinada. La tribu representó un estadio de la civilización en la que lo humano y lo animal prácticamente colindaban y luego, por distintos factores, la tribu fue evolucionando y fueron surgiendo los individuos, seres que se diferenciaban de los otros simplemente porque elegían. En la medida en que va surgiendo el individuo, la tribu va despareciendo. Esa diferenciación, gracias a la democracia, permite la convivencia. El nacionalismo todavía no ha salido de la tribu, es todavía la tribu. Por eso, potencialmente significa, a la corta o a la larga, la violencia. En Europa ha resurgido el nacionalismo y eso hay que enfrentarlo en nombre de la libertad y la democracia. El nacionalismo es incompatible con la libertad y la democracia. Puede hacer retroceder a España a la confrontación, los desencuentros, la incomunicación.

Rivera añadió que el nacionalismo intenta imponer un patrón único identitario. En Cataluña, la lengua fue la excusa. Lo que tenemos de positivo en España es que, si se le da la batalla política e intelectual, se puede ganar al nacionalismo. No hay que renunciar a la batalla intelectual. Europa nació precisamente para luchar contra el nacionalismo. La construcción europea representa paz, cooperación entre distintos. La mitad del golpe al separatismo en Cataluña ha venido de Europa. En España tenemos el complejo de identificar a la dictadura con España, pero eso hay que superarlo, no hay que confundir nacionalismo con patriotismo. Confundimos un Estado descentralizado con la descomposición del Estado. Es compatible que un Estado descentralice competencias con ser una nación. No creo que España sea una nación de naciones, no pasa nada por ser una nación y no cincuenta. Soy autonomista volviendo a las autonomías, no a la tribu. Las autonomías tienen que tener presupuesto, competencias y autonomía financiera, pero no para romper España.

En este sentido, Vargas Llosa consideró que, si Europa se materializa definitivamente, el concepto de nación se diluirá. Y Rivera añadió que, en el futuro, nuestros nietos van a vivir en los Estados Unidos de Europa. Por eso, parte de la batalla política nacional tiene que ser trabajar por Europa. La construcción europea no podría hacerse con el nacionalismo como bandera. A Europa le falta un proyecto cívico, cultural, no puede construirse solo con economía. Pero también hay que darles soluciones a los ciudadanos, por ejemplo, en relación con el mercado de trabajo y la formación porque el populismo se nutre fundamentalmente de la clase media venida a menos como consecuencia de la crisis, el cambio tecnológico y la globalización.

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